
La Educación Digital. Tu identidad en las redes es el título del manual didáctico editado por Mercurio Editorial en el año 2015: un proyecto ideado en su momento para ofrecer recursos didácticos a los docentes e introducir de forma programada la educación en los espacios digitales en el aula. Aquí empezó todo.

La conectividad, la seguridad, la privacidad… conceptos ineludiblemente relacionados con los alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (el público original del manual), se entendían en ese manual como apartados que los centros y la comunidad educativa tenían abordar de forma imperativa. 2015, recuerden.
A raíz de la publicación de ese libro surgieron nuevos escenarios en los que poder avanzar en esos conocimientos. La verdad es que me plantee su publicación por lo que creí que podía ser una necesidad en mi propio entorno, al poco de adquirir cierta experiencia en el aula, como docente, y con una creciente expansión del espacio digital . También entre el público más joven.

De forma vinculada a la marca LPA Fàbrika, las premisas formuladas en La Educación Digital (cuestiones como el uso adecuado, seguro y responsable del teléfono móvil, el ecosistema de las redes sociales desde la perspectiva adolescente o el concepto capital de huella digital, el rastro que dejamos en las redes y sus futuras consecuencias) se extendieron a las aulas canarias con los proyectos El día de las Redes y Educación Digital, impulsados por el área de Educación y Juventud del Cabildo de Gran Canaria en los cursos 2016/17 y 2017/18 en más de 40 centros educativos de la Isla.
Con un impacto superior a los 5.000 alumnos de la ESO en Gran Canaria, estas sesiones didácticas también se impartieron en AMPAS y asociaciones familiares. En 2018 unas sesiones educativas en esta línea se impartieron a centros de Bachillerato de la Isla de La Palma, en una iniciativa igualmente impulsada junto con LPA Fàbrika por el Cabildo insular de esta isla.
Entonces ya se podía percibir la homogeneización de hábitos y preferencias del alumnado, independientemente de su localización geográfica. En la ciudad o en el entorno rural o en una isla u otra, sí, los estudiantes podían presentar un perfil diferente en muchos aspectos. Pero en lo que atañe a las redes, ya se podía detectar una uniformidad en determinados comportamientos.
En 2018 pude desarrollar un proyecto didáctico en el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología en Las Palmas de Gran Canaria, para que los alumnos que lo visitan de forma programada con sus centros durante el curso pudieran recibir unas micro-sesiones formativas sobre lo que podríamos convenir como un buen uso de las plataformas digitales.
Entonces se pudo dar un paso más. Además de impartir estas pequeñas charlas, de gran aceptación por parte de los estudiantes de Primaria y la ESO que pudieron recibirlas, se diseñó un cuestionario básico para los alumnos: anónimo, con el centro educativo y el curso como únicas señas a cumplimentar. Aquél fue el I Barómetro Digital de los Adolescentes, que arrojó unos resultados que, para un público genérico, serían, en algunos casos, sorprendentes.

En 2019, 2020 y 2021 mi experiencia educativa alrededor de los espacios digitales tuvieron continuidad en las Semanas de la Ciencia y las Miniferias que impulsa regularmente el Gobierno de Canarias. También en iniciativas similares, con la misma filiación, como las Navidades Científicas o el Mayo Científico.
Fueron experiencias muy interesantes, incluyendo las que puede diseñar y disfrutar en el periodo afectado por la pandemia, con unas sesiones online que creo que tuvieron una gran aceptación por parte del público infantil y adolescente.


En todo este tiempo he podido formar mi propia perspectiva acerca del impacto de los espacios digitales en el público de edades tempranas. He visto cómo se ha ido adelantando paulatinamente el momento del acceso masivo a estas tecnologías, y he podido comprobar cómo las pautas básicas para un uso responsable continuan siendo válidas aún con el rápido crecimiento y transformación de las plataformas sociales.
Y, sí, es preciso establecer, bajo mi punto de vista, límites, restricciones y usos controlados. Al mismo tiempo, no podemos perder de vista las posibilidades didácticas que, bajo una necesaria tutela, pueden mejorar la educación. En este sentido, se ha sido muy crítico con los videojuegos: mi implicación en este punto se conecta con eSport Talent Canarias, una entidad sin ánimo de lucro que defiende un concepto muy cercano al transhumanismo en el debate que rodea a toda esta tecnología digital.
En adelante he continuado indagando, y compartiendo mis experiencias a través de charlas, sesiones didácticas y ponencias dirigidas a diferentes públicos, el joven y el adulto. Resulta muy interesante comprobar como ya disponemos de cierto margen para construir conclusiones más sólidas en torno a la educación digital. Además, he podido desarrollar proyectos relacionados con los espacios digitales y la comunicación, que también, estoy convencido, contribuyen a enriquecer mi mirada sobre todo este universo.

En 2023 pude emprender el diseño y desarrollo de una segunda entrega del Barómetro Digital del Elder, que prometía unos resultados más profundos, por cuanto íbamos tener la posibilidad de comparar la evolución del uso de los espacios digitales, las redes los videojuegos y el smartphone entre el alumnado de Primaria y Secundaria. Y así ha sido, con unas conclusiones que pudimos presentar en la primavera de 2024.

Continuamos avanzando: en mi caso, entiendo que esta progresión consiste en afinar las preguntas que debemos plantearnos ante la evolución de una tecnología que ya, ni es nueva, ni deberíamos subestimar si se trata de evaluar sus efectos entre el público más joven. ¡Seguimos trabajando!
Armando Ojeda
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